Primera experiencia lésbica con una amiga apasionada

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Era el cumpleaños de un primito, y como las reuniones familiares siempre me aburren decidí invitar a mis dos amigas: Jennifer (bisexual y guarra, dos años más grande que yo) y Daniela (muy tímida, de mi misma edad). Arreglamos para ir y cuando ellas llegaron yo me estaba bañando.

Jennifer siempre había soñado con iniciarme en el mundo del sexo y yo siempre lo supe; la rubia se metió conmigo en la ducha y yo le dije “¡Sos una pícara!”. Nunca pensé que pasaría nada entre nosotras más de lo que ya había pasado (besarnos para practicar, hace bastante tiempo) así que siempre tuve confianza con ella, solíamos bañarnos desnudas y hablar juntas de sexo; ella me contaba todas sus aventuras súper excitantes y yo después me masturbaba.

Daniela siempre fue una reprimida, la mínima cosa relacionada al sexo que le decía le molestaba. Siempre me llamó “asquerosa”, y eso que soy normal. Jennifer directamente ni le hablaba, todas esas cosas me las contaba a mi. La verdad es que muy bien entre ellas no se llevan, pero las dos son mis amigas. Con Daniela salía a divertirme con otras chicas de mi edad y pasábamos ratos muy divertidos, pero con Jennifer venía todo lo excitante en mi vida. Solía fantasear con ella y me tocaba viendo sus fotos, aunque no soy lesbiana.
En fin, después de bañarnos salimos y Daniela estaba mirándonos con cara de asco. “¿Vamos al maldito cumpleaños de una vez?”, dijo. En el instante comprendí que bien en el fondo quería tener sexo salvaje, y no se animaba a decirlo. Envidiaba como Jennifer y yo la pasábamos bien.

Yo estaba en pollerita, y adentro del auto sentí una mano entre mis piernas. Era Jennifer.
“¿Te gusta esto?”, me dijo.
Yo no aguantaba sin gemir, y el mínimo sonido que emití hizo darse cuenta a Daniela, quien en lugar de poner cara de asco se quedó mirando, curiosa.
“¿Y esto?”, me dijo Jennifer, metiendo un dedo en mi clítoris.
“Me encanta”, le susurré.
Daniela no podía no arruinarlo.
“¿Qué hacen?”, nos preguntó.
“Nada que te importe”, le contestó Jennifer.
“En serio, quiero saber” dijo insinuando una sonrisa. Jennifer me guiñó el ojo.
“Le estoy mostrando el placer, ¿quieres que te lo muestre a ti también?”
“Ni ahí”, contestó Daniela, y puso su característica cara de asco. Pero tuvo su curiosidad, y se sacó la duda.
Cuando llegamos al lugar que habían alquilado mis tíos para el cumpleaños del nene, Jennifer y yo nos dimos cuenta de que había un montón de meseros y animadores infantiles que estaban para darles.

“Te apuesto a que beso al animador dentro de los siguientes cinco minutos”, me dijo Jennifer. Daniela estaba jugando con el pequeño cumpleañero.
Mi guarra amiga se dirigió adonde estaba contándole chistes a los chicos, y le preguntó donde estaba el baño. El chico le señaló el camino, y ella le dijo “No entendí, ¿me llevas?” y le guiñó el ojo. Por supuesto que el animador no podía resistirse a semejante bombón, así que la llevó al baño, y alcancé a ver como le tocó el trasero antes de entrar. Un rato más tarde Jennifer volvió toda despeinada y sin sujetador. “Terminamos haciendo más de lo que pensaba”, me dijo entre jadeos. El chico continuó con su espectáculo y la miraba deseoso. Habían tenido sexo. Yo estaba maravillada, ¿cómo hacía para obtener sexo en cualquier lugar y de cualquier forma, mientras yo era una virgen sin experiencia a la edad en la cual ella ya había hecho de todo?
Jennifer tenía ganas de más. Cuando le pregunté lo anterior, me llevó a un rincón y comenzó a besarme apasionadamente, metiendo y sacando su lengua de mi boca.
“Siempre me encantaste”, me dijo. “Y hoy te voy a iniciar en el mundo del placer, al igual que a tu amiga”.
Nos llevó a ambas al laberinto donde jugaban los niños y comenzó a besarme delante de Daniela. Ésta dejó su falsa pureza detrás y se entregó completamente, besándome con lengua, lo cual me sorprendió.
“Fue mi primer beso, ¿lo hice bien?”
“Muy bien, aunque necesitas práctica”

Entonces la acorralé contra una pared y comencé a besarla apasionadamente, tocándole el trasero y los pechos sin parar. Parecía que me la iba a comer, pero tanto tiempo se hizo la pura que lo único que quería era penetrarla con algo, corruptirla, hacerla mia de alguna forma. Deseaba a Daniela tanto desde que se entregó así, y a ella le gustó.

Jennifer nos pidió que nos desnudemos, y ella también lo hizo.
“Mira Daniela, yo ahora voy a hacerle una serie de cosas a ella, y tú debes hacermelas a mi, y ella te las hará a ti. Me encanta este juego…”, dijo Jennnifer.
Antes de que comencemos nada llegaron mis padres con mis tíos y el pequeño niño, quienes se horrorizaron ante la situación. Daniela y yo nos tapamos como puidmos, y Jennifer se tapo solo la vagina, porque siempre le gustó mi tío y quería que le vea los pechos.
“¿¿Qué es esto??” preguntó mi padre.

Jennifer muy inteligente contestó: “El animador de allí nos obligó a desnudarnos, ¡por favor sáquenlo de aquí!”.
Le creyeron, y al preguntar al animador éste contestó que solo había tenido relaciones con Jennifer, lo que hizo todo más coherente. Definitivamente, había sido él quien quiso ultrajarnos.

Un tiempo más tarde, el abogado del animador le hizo un juicio a Jennifer y nos hizo ciertas pruebas que determinaron que él no nos había hecho nada, y ella tuvo que confesar todo.
Nunca más nos dejaron vernos entre nosotras, ¡pero ahora nos mandamos muchos mails subidos de tono!

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