Porno lésbico en la sauna

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lesbianas follando en la sauna

Hace un tiempo, acudía a un gimnasio en el que solía frecuentar la sauna. Era algo que en realidad no me sentaba bien porque tengo la tensión baja, pero me encantaba ir a darme un breve baño sobre mi toalla de Miami Beach colocada en los tableros.

No era una sauna mixta, pero los días impares era el turno de las mujeres, así que generalmente, allí estaba yo siempre, ocupando mi punto estratégico, justo enfrente de la puerta, para así tener controlado a quien andaba por fuera, y en el caso de que algún hombre intruso se “equivocase”, que fuese yo lo primero que viese al abrir la puerta. Allí, una Vanessa desnuda, tumbada, con las piernas en alto flexionadas y un poco entreabiertas. Nunca se dio el caso de que entrase ningún hombre, pero yo me relajaba sobre la fantasía.

Esta situación generaba en mí fantasías varias. El lugar se daba a ello. Gran parte de las veces estaba sola, por lo que mi mano indiscreta tendía a acariciarme el pecho y la zona colindante a las ingles. No es que me masturbara, y mucho menos que me corriera, pero me resultaba erótico, sensual y excitante.

Total, un día le conté a mi noviete del momento lo que me pasaba, que me ponía cachonda en la sauna y me apetecía echar un polvo allí. Como las saunas de los gimnasios no son un lugar propicio para llevar a cabo esta fantasía porque no suelen ser mixtas y porque no es el lugar más adecuado para hacer nada, nos propusimos el acudir a un local de intercambio de parejas con sauna para acercarnos a mi paja mental que tantas semanas llevaba pululando por mi cabeza.

Fue en un local swinger de Madrid, estaba lleno de parejas, aunque la mayoría eran de “conveniencia”, quiero decir, señores ‘sueltos’ con la profesional de turno. Aunque para lo que nosotros las queríamos, nos daba igual. Nos fuimos a la sauna, y yo no tardé en ponerme cachonda viendo a la gente follar, el entorno se daba a ello, así que yo no tardé en pedirle a mi novio que me clavase su dura polla. Pero…. ¡horror! No soporté ni cuatro embestidas, ¡me dio un bajón de tensión que por poco tiene que ir el Samur a rescatarme!

A raíz de esto, me tatué en el cerebro eso de que algunas fantasías, fantasías son. Ahora no me pone para nada el imaginarme en una sauna, ni tan siquiera me apetece darme unos baños depurativos sin ánimo sexual.

Eso sí, la cosa cambia cuando la sauna está apagada y hay un par de pivitas como Sophie Dee y Yurizan Beltran…  con las que creo que estoy volviendo a revivir mi morbo de antaño 🙂

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