Intentando follarme a un tío muy bruto

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Hulk

A veces me tomo la noche libre, mejor dicho, el día, la noche y el día siguiente, que si una se va de juerga lo bueno es poder descansar a placer después, y como en mi empresa mando yo hago lo que me da la gana (a pesar de lo que digan algunos políticos sobre esclavitud sexual y todo eso). Apago el teléfono de putear, lo guardo en un cajón y hasta luego mundo.

Esos dias suele pasar que lo último que se me ocurre es querer saber algo de hombres ¡ni en pintura! a veces, cuando alguno pretende acercarseme y lo veo venir ya lo fulmino con la mirada ¡ni hables moreno que te muerdo la garganta! pero claro, a veces también hay excepciones, que una tiene fantasías en la cabeza y se como cualquier humana también se pone caliente.

Así que ahí estaba yo, en un pub tranquilito de la ciudad con otra buena amiga charlando de nuestras cosas, tres chicas bailaban sin mucho desfase en la entrada al ritmo de la música, una parejita ya entrada en años se mostraba entre carantoñas las últimas pijaditas que tenían en sus móviles, videos y todo eso, se reían mucho, y en esas que entra un chico.

Vestía cazadora y pantalón vaqueros, zapatillas deportivas que creo que muy parecidas estaban de moda en el tiempo de mi abuelo, el pelo creo que se lo cortaron poniendole un orinal en la cabeza y lo que sobresalía lo quitaron, camisa de cuadros pardos y blancos, country total el muchacho, la cara colorada de sol con marca notoria en la frente de llevar puesto algún tipo de gorra, recio, un brazo de él podría ser tranquilamente una de mis piernas, o las dos incluso, su espalda… creo que si le da un golpe ahí un trailer se rompe el trailer.

Pidió un botellín, más tranquilo que un ocho, en un pub de Madrid, a la una de la madrugada y el tipo suelta sacando su dinero para pagar “quiero un botellín de Estrella Galicia”, el camarero le responde un lacónico “no hay” y el sigue “bueno, pues un botellín de Mahou”, el camarero carraspea y le explica “quiero decir que no hay botellines” el chaval, con sus ojos pequeñitos y achinados, la nariz chata estilo boxeador, mueve la mandíbula, como pensando, parece que le cuesta trabajo, sonríe “¡aaaaaaah, claro, es que en Madrí le llamais quintos! ¿no?” el camarero sonríe, paciente y vuelve con sus explicaciones “si, aunque también botellines, no pasa nada, el caso es que no hay”, el muchacho vuelve a pensar y se pregunta en voz alta “qué carallo tomo yo ahora es que yo siempre bebo botellines ¿sabes?” el camarero le ofrece cervezas, de las normales de toda la vida pero… tampoco hay sus marcas preferidas, nunca vi en lado alguno tantisimo trabajo para terminar vendiendo una Heineken y luego una alemana que no recuerdo la marca porque la Heineken era muy suave “te es como las coronitas esas, cerveza para maricones” lo dijo así y se quedó tan tranquilo, el camarero, mariquita él de toda la vida, hizo como que no escuchaba y siguió a lo suyo.

Casi siempre follo con tíos más o menos elegantes, bien vestidos y a la moda, perfumados, en muchos casos con las manos bien cuidadas, a veces por profesionales esteticienes que les hacen la manicura, y aquellas manos enormes y callosas pero limpias me llamaban poderosamente la atención ¿qué trabajo hace un hombre para tener semejantes manos? ¿como acariciarán mi piel unas manos así? ¿qué sientes si juegan con esos dedos en tu coño? ¿como follará un hombre no muy agraciado pero posiblemente con la fuerza de tres.

¿Como se hace para ligar? hace siglos que no lo hago, yo no ligo, me llaman por teléfono, voy, cobro y follo, del resto suelo pasar, en algunos casos me entró algún chico y terminé con él, pero era él quien me ligaba, quien tenía que usar la imaginación era él, yo solo respondía a sus preguntas y después, como me gustaba, como veía que me lo hacía pasar bien le seguía el rollo, todo iba rodado pero… lo empiezan otros.

Le digo a mi amiga que me gusta el tío ¡zas! me quiero acostar con él -le digo- ella me mira asombrada y comenta que es horrible, pregunta que como me puede gustar un tipo así, que parece escapado de algún monte perdido, me dice que no sería extraño que viviese en alguna cueva o algo por el estilo, pero a mi ese chico me pone, y cada vez que se mueve en la penumbra del local me pone más, deja caer una mano sobre el mostrador y sin que él lo quiera tiemblan los vasos que tiene más cerca, tengo el coño empapado de flujo pensando en lo que tiene una que sentir con ese mastodonte encima ¿sabrá acariciar? ¿cuando será la última vez que ha follado? mi amiga asegura que no ha follado nunca, un tipo tan feo y tan bruto no puede follar, una mujer normal no puede querer a alguien así.

barrenadora cantera

Me acerco a él y le pregunto si es de fuera, le noto tímido cuando me responde que es de Pontevedra, es parco en palabras, a lo que le preguntas contesta, no va más allá, se queda mirandote, sonriente, aparentemente feliz esperando tu próxima pregunta, es de Pontevedra pero trabaja en Orense, es cantero, pero no de los que construyen casitas de esas bonitas de piedra -me aclara- me explica que es “cantero de cantera” no se lo que hacen los canteros de cantera, pero él me lo explica, en la cantera donde él trabaja hay piedra, granito, una variedad de granito que se llama “gris mondariz” y parece ser que lo apreciamos mucho en algunos pueblos de Madrid para construir casas (hay que ver de que cosas se entera una, toda la vida aquí y no sabía esto yo) y su trabajo, junto con su cuadrilla es cortar “azucarillos” que son unas piedras enormes que después irán a talleres de corte donde las harán bloques más pequeños  y de distintas formas, y él lleva en ese oficio, que explica muy bien su complexión física y esa cara colorada con la marquita de la gorra, desde los 16 años, empezó como auxiliar ayudando a los mayores y ahora es barrenero “ah, el que pone los barrenos” digo yo, ignorante, pues no -me aclara- el que pone barrenos es un artificiero, el hace con el “martillón” que debe de ser una especie de taladro gigante los agujeros donde irán esos barrenos, es un trabajo muy duro pero “se gana bien”.

Coqueteo con él, me acerco, el no se aparta, rozo mis pechos en su brazo que parece de acero, dudo que con esa dureza en los músculos perciba que unos senos como los mios lo rozan, se va soltando y se hace más dicharacheros, supongo que es de eso chicos tímidos para dar el primer paso, me cuenta que nunca había estado en Madrid y como en Galicia tienen un fin de semana largo, porque el lunes es el día de las Letras Gallegas, que no sabe el muchacho muy bien porque hay una fiesta de letras gallegas “es que yo muy de letras no te soy” -me aclara lo que se nota a leguas- y le jode que hagan estas fiestas porque trabaja a destajo, o sea, metro de piedra que corta metro que le pagan y si hay fiesta “pues te jodes y no cortas piedra porque cierran la cantera”, así que ante la imposibilidad de cortar piedra -que parece que le encanta, llueva, nieve, haga frío o lo que sea, él… corta piedra, presume de haberse dado nunca de baja, hasta fue a trabajar con una pierna rota, que se rompió, evidentemente, mientras cortaba piedra, se cayó de lo alto de una y claro, se quebró la pierna “tuve mala suerte, es que caí mal ¿sabes?”.

A estas alturas yo le dejo hablar, está emocionado contandome las cosas bonitas que ha visto en Madrid, fue a ver la Casa Real y raja, no le parece que haya derecho a que alguien tenga semejante caserón y haya gente sin vivienda, ahí, donde está la casa de los reyes se pueden hacer muchas casas para gente con poco dinero y a los reyes, si acaso, se les da una de esas casas y que vivan como todo el mundo ¿no? le rebato, sus majestades tienen una dignidad, no pueden vivir en cualquier lado, se queda pensando y saca la conclusión de que entonces nos deben de dar una casa como la de los reyes a todos ¿o los demás no somos dignos? -se pregunta- tengo mi cara cerquísima de la suya, cuando gira su rostro hacia el mío me cuesta no estamparle un morreo en la boca, él no hace gesto alguno, sencillamente habla y por lo demás es como si no notase que estoy sobre él, creo que aunque lo empujase esa torre ni se movería del sitio.

Mi amiga ya se ha ido, sabiendo de mis intenciones, y que probablemente den buen resultado, decidió no perder el tiempo allí sola, cuando se va suelto una pequeña descarga, a ver como reacciona el chico, le digo que es una pena que no hubiese venido con un amigo “para mi amiga”. Aquí parece que algo se funde en su cabeza, me mira, sonriente pero extrañado, pregunta que cosa quiero decir con eso, que no lo entendió muy bien, así que no queda otra y le digo clarito que me gusta, su rostro se torna estupefacto pero sin perder la sonrisa ¡Carallo como sois las chavalas en Madrid! ¡me habían dicho que erais lanzadas pero no creí que tanto! Le pregunto si en su pueblo no son así y me dice que no, es de un pueblo pequeño de la provincia de Pontevedra y la verdad es que las chavalas “no te son así de lanzadas” pero “tampoco en Vigo o Coruña que son grandes ciudades eh” Le pregunto si le molesta que en Madrid seamos tan lanzadas, sonríe más y es franco, lejos de molestarle le encanta, me pregunta si hay canteras en Madrid, si hubiese canteras de piedra en Madrid se vendría a trabajar aquí, a él le gustan las chavalas como yo, lanzadas ¡ole ahí!

azucarillos

Derivo la conversación a la temática sexual, o la deriva él, no lo se muy bien, si las chavalas no son lanzadas es mala cosa, porque entonces -según él eh- los tíos follais poco, porque claro, los tíos no podeis ir por ahí entrandole a todas las chicas que os gustan, eso sería faltar al respeto a las mujeres y no se nos puede faltar al respeto ni ofendernos, así que le pregunto como hace para ligar a alguna chica que le gusta si se diera el caso, se encoge de hombros y me dice que en esas cosas no tuvo nunca mucho éxito, tuvo un tiempo una novia, pero se fue a estudiar una carrera a la universidad y un poco después lo dejó “yo no era para ella ¿a donde iba a ir ella conmigo que soy un pailán?” (¡boba!) y después, hace tiempo también, salió con otra chica que era la hija de los dueños de una pensión en la que el paró por razones de trabajo pero era muy mentirosa y la “cachó” en unas cuantas mentiras y claro, si una mujer te miente en tonterías a saber lo que hace a tus espaldas, así que a la undecima mentira el le pidió que cambiase y como no lo hizo, a la veinteava la abandonó. Y parece ser que hizo muy bien, porque la chica al final se casó con un fulano “de pasta” que le dio una tarjeta visa llena de pelas y se metió en El Corte Inglés y se fundió un millón de pesetas en pijadas. Pero el muchacho sigue respetando, no me da un beso, no me pone la mano encima, nada, como si no hubiese dicho yo nada, así que no queda otra que pasar a la acción.

-¿me dejas darte un beso? -le pregunto-

-¡claro mujer! -responde poniendo su mejilla

Y este relato, como es un poco largo, lo continuaré en un próximo post ¿creeis que llegué a follarme a este brutito? ¿una persona bruta puede follar bien? ¿un bruto y sin mucha cultura puede ser sensible y apreciar una obra de arte?

Podeis opinar libremente, claro está, pero las respuestas… en el próximo capítulo.

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