Cumpliendo la fantasía de follar en la prisión con un cliente

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follando en prisión

Leo muchas veces reportajes sobre fantasías sexuales de la gente, que una, si quiere ser una buena profesional, tiene que estar al día de estos detalles, no vaya a ser que la gente tenga la ilusión de echar un polvete rápido en la Cámara de los Reyes del Monasterio del Escorial y una, como tonta, poniendo el culo así como levantadito y la falda por encima de la cintura en el ascensor del hotel.

Curiosamente lo que más se lee en estas encuestas es que a la gente lo que le va es echar  un polvo en un ascensor, cuando eso, salvo quizás en un rascacielos neoyorkino y en horas nocturnas, es prácticamente imposible, por tiempo, por transeuntes, etc. ¿os imaginais de verdad echando un polvo en un ascensor en un piso de cinco plantas? ¿da tiempo? si claro, si lo paras en todas a lo mejor si pero ¿nunca entra nadie? Es que esto me da que es como lo de los taxis, que estás en una calle esperando uno (móvil sin batería, claro) y no pasa ni a la de trés, enciendes un cigarro y aparecen cinco doblando la esquina del fondo.

Pues lo de follar en un ascensor lo mismo, basta que te pongas para que entren siete en cada piso, me temo, en todo caso esta fantasía, si alguna vez la tuve, que no recuerdo, ya me la intentaron cumplir hace tiempo subiendo con un cliente a un hotel de Madrid, sin condón y sin nada quería meterme allí la polla, le dejé que me la restregase un poco por el trasero hasta llegar a la habitación, a altas horas de la madrugada no tendría que haber nadie por allí pero, justo cuando se abre la puerta, mi cliente con la polla fuera, aparece un turista inglés que estaba allí alojado, vestido el tío con un traje blanco, sin corbata y con un sombrero que le daba cierto aire de aventurero y de hombre de mundo, no debía de serlo mucho, se quedó con la boca abierta y mi cliente en aquella ocasión, la verdad, no la tenía muy grande.

Así que ahora solo espero que me sorprendan con cosas ya realmente extrañas, y gracias a Dios aún no apareció ningún chiflado que quiera follarme sobre la tumba de un cementerio o algo así, y espero que no aparezca, sintiendolo mucho tendría que decirle que no, una es puta y liberal pero hay cosas a las que les tengo respeto, o me dan respeto, no estoy muy segura.

Pero mirad vosotros que el domingo contactó conmigo un ruso “quierro verrrrte parrrra tu quedarrr con mi jefe” me dijo por teléfono. Mi cabeza empezó a pensar rápido “¡hostia, un empresario ruso tiene un mamporrero que le busca putas!” ¡eso es glamour! lo demás tonterías. Le expliqué mis condiciones y como quien oye llover, se escuchó una respiración profunda al otro lado del teléfono y la voz volvió a repetir “quierro verrrrte parrrra tu quedarrr con mi jefe” y remató “mi jefe quierrrre follar ha dicho que tu serrr buena”, vale hijo, que serio y que esaborío. Quedamos en una centrica cafetería madrileña próxima a una comisaría (una tiene sus trucos).

Me puse mis mejores galas (un empresario ruso siempre es interesante) y cogí mi bolso de citas a ciegas (tiene un colgantito peculiar en un sitio), cuando llegué a la cafetería se plantó delante de mi un tipo enorme, con una camiseta de rayitas azul cielo horizontales que no pegaba, ni en broma, con la elegante y cara chaqueta negra que le quedaba pequeña ni con el pantalón que le quedabal flojo por todos los lados, me miró, lo miré y dijo “tu venirrr”, se ve que estaba acostumbrado a ser obedecido, que sin esperar a que yo levantase mis posaderas del taburete dio media vuelta y se dirigió a la salida, y yo allí, petrificada.

Dio cuatro pasos y volvió hacia mi “tu venirrrr, aquí no poder hablarrr”, me armé de valor (aprovechando que a la cafetería entraban seis policías de esos gansos a tope) y le dije que allí se podía hablar de lo que quisiese, y que hasta que me contase de que iba el asunto Alba no se movía del taburete, le sugerí, eso si, que me lo contase en bajito. El ruso claudicó y señaló una mesa alejada de los policías que acababan de entrar, accedí.

El asunto es que al día siguiente el me llevaría a cierta prisión donde su jefe “quierrre follarrte” ¿en una prisión? ¿en una prisión se puede follar? ¿con alguien que no está en prisión? ¿con una puta? pero me van a identificar, me van a cachear, me van a…. el ruso sacó un sobre del bolsillo con varios billetes de 500 euros que terminó con mis preguntas, vale rubio feo, iré a esa prisión a que me folle tu jefe, pero cobro por adelantado “mañana yo voy a recogerrrte donde tu digas y yo pago” le dije que el dinero lo tenía que dejar a buen recaudo antes de salir para la prisión “no prroblemo, yo comprreendo”. Quedamos para el día siguiente.

Carcel

Me recogió en un coche oscuro, grande, pero no lo suficientemente grande para el ruso feo chofer, el coche le quedaba tan pequeño que dentro iba agachado, desde dentro me abrió la puerta trasera, y como una señora me subí atrás, por romper el hielo se me ocurrió preguntarle por los motivos de que su jefe estuviese alojado por cuenta del estado en tan acogedor hotel “tu callarrrr”, vale rubio feo, no dije ni una palabra más en todo el viaje.

Llegamos y mi chofer me acompaño a un sitio que había un funcionario al que le dijo que su jefe tenía solicitado y concedido un vis a vis conmigo, me pidieron el carnet de identidad y una funcionaria me cacheó, después me pasaron a un cuarto y otra funcionaria me hizo desnudarme y ponerme en cunclillas varias veces (al próximo que esté en prisión le cobro más), muy profesional ella, como acostumbrada al oficio, me pidió que me volviese a vestir y a modo de excusa me contó que muchas intentaban pasar drogas o armas, le dije que yo era buena y no hacía esas cosas, que solo quería follar con mi amigo del alma. Tentada estuve de volver a preguntar porque estaba allí “mi amigo” pero no hubiese sido muy convincente hacerlo por mi parte, así que desistí.

Otro funcionario me acompañó por un lúgubre pasillo hasta una puerta metálica que abrió con gran ruido de cerrojos, todo muy lóbrego y cutre, puertas metálicas grises con un ventanuco a la altura de los ojos, media pared superior pintada a desconchones de gris claro y la media inferior pintada, también con desconchones, de verde oscuro.

Dentro de aquel cuarto-calabozo nada, un pollo de cemento con un colchón, eso si, con sábanas y una manta ruín, de esas marrones con una cinta aparentemente blanca, las sabanas estaban limpias, al lado del pollete que hacía de cama (un metro, no más) otro pollete también de cemento que hacía de mesa, vació. Mire un momento aquel cuarto y el alma se me callo a los pies, creo que un preso tiene que pagar el daño que hizo, pero no hace falta hacerle pagar más de lo necesario, y coño, me pongo a pensar que allí habrá hombres que tuvieron mala suerte en la vida, que no son delincuentes habituales, simplemente un falló y te ves ahí, no se, en esa mesita podrían poner, al menos, un par de flores, aunque fuesen de plástico, que supongo yo que muchos presos se verán allí con sus esposas, novias… gente a la que quieren ¿hay que hacerselo tan duro y triste al que viene de afuera? ¿tienen que sufrir los dos más de lo que ya están sufriendo?

¿Y el baño? ¿donde está el baño? ¡oh Dios! una puta necesita un baño, quiero lavarme, lavar a mi cliente, estoy a punto de llamar a la puerta cuando me fijo que en una esquina hay como media pared, miro detrás y ¡bingo! hay un par de piezas raras, construidas en cemento o algo así, una es un baño turco la otra un bidet construido en cemento, o sea , que si cagas te ve el colega hacerlo. No hay ducha, allí follas y te duchas en casa, a tomar por saco. Y me está empezando a picar todo el cuerpo. Sobre la media pared hay dos toallas, viejas, ajadas, pero limpias.

Como la intimidad no es mucha aprovecho el tiempo, coloco unos condones sobre la “mesita de noche”, me lavo yo sin sacarme la falda pero si el tanga, claro, y me lubrico el coño con KY, no me gusta hacer eso delante de los clientes, mejor que piensen que una es tan puta que se humedece de forma natural, por pura excitación. Espero sentada en la cama, sin saber que hacer con las manos (unas revistas tampoco estarían nada mal).

No me da tiempo a meditar mucho lo triste que es todo aquello, los cerrojos de la puerta suenan de nuevo (que me quedé sin saber si se pueden abrir desde dentro) y tras abrirse veo a mi cliente en la puerta con un funcionario que le dice algo del tiempo, una hora tenemos.

El sovietico no pierde el tiempo, se saca rápido el pantalón, se sienta en el bidet y me pide que lo lave, no pierdas tiempo -me dice- el tiempo es oro, tiene su gracia que eso lo diga un preso, pienso yo. Trato de ponerle cariño al asunto pero la verdad, entre lo lóbrego del lugar y lo desabrido que es el puto ruso el cariño y la fiesta como que no me salen, trato de excusarme, el sitio… ya sabes, no estoy acostumbrada, lo siento “me imporrrrta mierda, yo quierrro follarrrr, rrresto imporrrrta mierrrrda”. Vale, mejor, me quito toda la ropa, me tumbo en la cama, el ruso, joven y guapo, la verdad, no parece ni molestarse en mirarme, le pongo el condón con la boca, se la chupo un poco y en nada y menos el ruso está montándome y corriendose como un búfalo, entre resoplidos dice algo en su idioma que no comprendo, yo me quedo allí quieta mientras él se hace a un lado, no se si preguntarle si ya terminó o que hacer, el me lo aclara “chupa puta, quierrro follarrr más, toda horra follando”.

Le cambio el condón y me meto su polla en la boca, chupo, chupo, chupo y pienso, a lo mejor el tipo se merece con creces estar allí, empieza a no darme pena, un tipo tan poco amable como él, tan frío, y que está allí… seguro que es un hijo de puta y a saber lo que hizo ¡joder! ¡igual se la estoy chupando a un asesino psicópata! hace pocos días que vi Celda 211 y Malamadre, el protagonista, es diez mil veces más cálido y cariñoso que este tipo, su polla vuelve a estar dura, me folla de nuevo, pero yo soy un trapo, le importo una mierda, primero me folla en plan misionero, ahora tarda más en correrse, se ve que el primero era para sacarse el ansia, me da la vuelta y me pone a cuatro patas, estoy a cuatro patas y me empuja hasta tumbarme del todo boca abajo, empiezo a pensar que me va a dar un puñetazo en la nuca y me matará, peor aún, me tomará como rehen y montará la de dios es cristo, claro, por eso me trajeron a mi, para secuestrarme aquí dentro después de follarme… no, no, me trajeron a mi porque no hay una puta tía normal en el mundo que se junte con este hijo de puta ¿quién va a querer estar con un tipo así? No se como pero vuelvo a estar a cuatro patas y el tío follándome, me descubro a mi misma moviendo el culo, por instinto, por profesionalidad, ni sabía que lo estaba haciendo, el tío parece a punto de correrse de nuevo, aprieto el coño un poco, se le sale la polla, brama, vuelve a metermela, bombea, bombea, bombea, se cae resoplando sobre mi, no es muy grande pero me aplasta contra el camastro, se corre. Me quitaron el reloj y varias cosas más al entrar que guardaron en una caja, miro la hora pero el reloj no está en mi muñeca “no te prrreocupes, ellos avisan”, el tío mete la mano en un bolsillo de su pantalón y saca un reloj de esos Casio, barato, solo el reloj, sin correa “faltan trrrreinta y cinco minutas” me dice ¡Joder! ¡tantas precauciones conmigo y el tío seguro que en los bolsillos lleva de todo!

El ruso está de pie en medio del cuarto, me hace una seña para que me acerque “chuparrr de nuevo, quierro más follarrr” ¡vale nene, para eso pagaste, y bien! lo pajeo un poquito, cuando su polla se pone morcillona vuelvo a mi labor de ponerle un nuevo condón, allí, de rodillas delante de él se la chupo, se la chupo mecánicamente, me siento bastante mal, no físicamente, podría llamarsele a eso una depresión momentanea, el sitio, el tipo que debe de ser una peste de persona, todo ello hace que no esté a gusto. Esto mismo que estoy haciendo, con otros clientes me encanta pero con él hace que me sienta muy humillada y extremadamente sucia.

Noto que me agarra del pelo, tira de él hacia arriba, me levanto asustada ¡no! ¡no! ¡no me hagas daño! suplico en voz baja pero a punto de ponerme a gritar, me empuja contra la puerta, sonríe siniestro, pero no me hace nada, solo quiere que apoye mis manos en ella, lo hago, abro mis piernas y así me folla, mientras lo hace me agarra del pelo, tira de él, bufa como un bestia, me embiste, de pronto me coge del cuello, me gira, me obliga a ponerme de rodillas y vuelvo a hacer lo que se espera de mi, chupar polla, se corre en en mi boca, relamo su prepucio sobre el latex del condón, al menos que se note que me curro lo que he cobrado. El hijo de puta se aparta de repente, dejandome allí de rodillas, con una mano vacía a la altura de mi boca abierta. El sovietico se va al bidet y se lava “pon tu rrropa, vienen ya” le digo que me gustaría lavarme. Mientras se levanta se encoge de hombros, solo le falta decir que le importa una mierda, me lavo rápido y me visto más rápido aún, me siento en la cama a esperar, cuando el termina de ponerse un chaquetón que lleva comienza a golpear como un loco la puerta, al segundo aparece un funcionario que la abre, el sale con aire desabrido, sin despedirse y se larga hacia la izquierda, yo estoy allí sin saber muy bien que hacer, me dirijo hacia la puerta y el funcionario, amable, me pide que lo acompañe, debo de tener mala cara que me pregunta si me encuentro bien, le digo que si, insiste amable “¿os habeis peleado?” niego con la cabeza, le digo algo sobre la tristeza de despedirme de él.

Preso

En la oficina donde recojo mis objetos una funcionaria más joven que la que me los retiró me interroga con desparparpajo “¿eres prostituta verdad?” me quedo perpleja ¡joder! si no abrí la boca como sabe eso “es que eres la quinta amiga que viene a ver al hijo de su madre ese en siete meses que lleva aquí” le pregunto porque está encerrado, están tramitando la extradición del fulano, cree -me dice- que para Italia, un narco italiano se la jugó y se cargó al narco a su mujer y a sus dos hijos pequeños ¡joder! ¡acabo de chuparle la polla a un monstruo! le digo a la funcionaria que yo no lo soltaría, lo dejaría encerrado de por vida, pero sin los vis a vis estos de mierda ni nada, en una celda, el solo, pudriendose, con una pequeña ventanita al cielo para que supiese que existe un mundo libre y nada más.

Cuando salgo allí está el ruso feo chofer, esperando en el coche, disciplinado el hijo de puta, abre la puerta como antes, desde dentro y me subo, no hablo, cuando llevamos un rato de camino me dice que volverá a llamarme, no se como me armo de valor y le digo que no, que paso muchisimo de volver a follar con su jefe, gruñe algo en su idioma y no se por qué me da la sensación de que está acostumbrado a esta situación, a que ni las putas queramos volver a estar con su puto jefe.

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