El buen o mal sexo es responsabilidad de dos

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javier cámara

Me hacen gracia muchos de mis clientes cuando sale el tema de conversación de como es el sexo con sus mujeres, con sus parejas, que sale y suelen sacarlo ellos. Advierto que esto no suele pasar con algún que otro chaval de veintitantos o treinta y tantos, estas quejas suelen suceder con hombres ya maduritos, que pasan de la cuarentena vaya.

Los más jóvenes no suelen quejarse del sexo que tienen con sus respectivas esposas o parejas, suele irles de maravilla, vienen a mi, o a otra prostituta cualquiera por morbo, por variar, porque están de viaje y les dio un calentón o por mil otras razones, su queja no suele ser que en casa tienen “una vaca”, más bien al contrario, se muestran felices y elogian a sus parejas.

Otra cosa es el de cuarenta para arriba, ese que usa unos calzoncillos que estaban muy de moda en la época de mi bisabuelo, que se queda con los calcetines puestos para follarte, que se quedó calvito y en lugar de afeitarse la cabeza, cosa que suele quedar muy bien en algunos, por no decir en casi todos, se hacen un peinado ridículo que además de acentuar más su calva muestra sus complejos, y además, más que una barriguita cervecera, tiene un panzón de agarrate y no te menees.

Y esos tipos, con ese perfil, te cuentan de sus mujeres y no paran: eran guapas cuando se casaron, follaban bien… cuando se casaron, se cuidaban… cuando se casaron, vestían sexis… cuando se casaron y todo lo hacían de maravilla cuando se casaron. Se ve además que lo que perdieron de sex appeal lo ganaron como cocineras, porque eso si: cuidan de maravilla de los niños, limpian como los chorros del oro la casa y cocinan de maravilla.

cuarentón feo

Pero, follar con ellas es practicamente impensable, lo hacen, a veces pero de mala gana, por compromiso, polvete del sábado y para de contar, a veces cualquier excusa les sirve (me da que tanto a él como a ella) para no follar, que si los niños, que si el trabajo excesivo, que si no llegamos a fin de més, etc.

Y es que -me dicen- que no tienen una mujer, que lo que tienen en casa es una vaca, que se abandonó, que ya no se viste sexy y aunque se vistiese así sería contraproducente porque el cuerpo, las grasas, los michelines, la celulities, la piel de naranja, las estrias y que se yo cuantos defectos más las convirtieron, a sus ojos, en verdaderos adefesios, adefesios que sirven poco más que para limpiar y cocinar.

Y una, claro, a estos tipos así, los consuela y les da sexo del bueno, que para algo me pagan y de eso vivo, pero los miras y te dan ganas de preguntarle eso de “¿y tu qué?” rematándolo además con la palabra “mamón”. Y es que una no sabe que es lo que ven cuando ellos, estos tipos, no todos claro pero muchos, se miran al espejo ¿no ven que ellos también se abandonaron? ¿no se dan cuenta que por las mañanas se ponen ese traje gris de Zara, horrible, y que no se lo quitan en todo el santo día? ¿no perciben que sus personalidades se convirtieron en grises y anodinas? ¿que sus personas ya no tienen color? Quizás los sueños que sus esposas tuvieron un día con ellos también se rompieron el día que descubrieron que al lado de ese hombre, la máxima aventura que vivirían sería el asalto de un navajero para ver como él salía corriendo, un día comprendieron que la máxima excitación que sentirían en sus vidas sería el día que se montan todos en el coche y se van a pasar quince días a Gandía, a la playa, y para de contar.

Te da ganas de preguntarles si pensaron alguna vez en lo que sienten sus esposas cuando los contemplan, con esas nalgas fofas y esas piernecitas como palillos, con sus calcetines negros y la camisa puesta mientras se anudan la corbata a la mañana antes de salir al trabajo, y esos barrigones, que de cerveceros y barriguitas nada, más bien bodegas sobresaliendo, intentando romper los botones de la camisa, y eso cuando el tipo no tiene las piernas como jamones, o sea, estrechisimas en los tobillos y esos culazos, horribles, llenos de pelos ¿de verdad piensan que están tan atractivos como para despertar la pasión de sus esposas con esas pintas?

Y eso por no hablar de la pasión que perdieron diez días después del matrimonio, posiblemente cuando contrataron la hipoteca, a partir de ahí sus conversaciones se redujeron a “¿está hecha la comida?” o a un “Cariño pasate por la tienda y traeme…” poco más, el resto “déjame en paz que juega mi equipo” o “Ahora no que estoy viendo Ana Rosa” (programa de TV muy popular en España).

O sea, ambos se abandonaron, pero hables con el que hables de la pareja la culpa siempre será del otro, nunca por lo visto, se miran al espejo ese de ver sus fallos y reconocer con dignidad que ellos también se hicieron, se hacen, mayores.

Menos aún se les ocurrirá juntarse un día y hablar de recuperar la pasión de aquellos días felices, de prometerse el uno al otro hacer una dieta, cuidarse, ir a un gimnasio, realizar actividades juntos que no consistan en dormitar en un sofá haciendo zaping durante años, eso no lo harán nunca, para ellos, para los dos será mil veces más fácil seguir en esa soporífera y triste rutina hasta el fin de los días. El lo resolverá yendo de putas de cuando cuando, corriendose alguna juerga con los amigotes una vez al año, ella se juntará con las amigas a tomar café y lamentará su mala suerte con el tarugo que le tocó en suerte y eso le servirá de triste desahogo al conocer que sus amigas están igual, o peor, si te juntas con ellas y les hablas de lo feliz que eres con tu novio o marido recien casada ya tienen la escopeta cargada con cartuchos de posta lobera y te soltarán “aprovecha ahora que luego cambian” Ellas por lo visto no cambiaron, es culpa de él, solo de él.

barrigón cervecero

Y mirad que tengo para mi la sensación de que es relativamente fácil cambiar esto, de hecho se cambia, solo hay que verlos (o verlas) recien separados o divorciados. Cambian, ese día o días después se apuntan al gimnasio, se van a algunas tiendas de moda y compran ropa más alegre y moderna ¡joder! algunos hasta venden ese Mercedes soso y aburrido y se compran un deportivo de juguete, de esos japoneses, piensan que así se hincharán a ligar con veinteañeras, cosa que no logran. Ellas tres cuartos de lo mismo: dieta, gimnasio, vestidos ajustados, incluso minivestidos para lucir los encantos que aún les quedan y no salen de las discotecas de moda, follando con todo lo que se menea y que les diga que si para llorar a moco tendido a la mañana siguiente cuando el tipo se largó y anotó en su curriculum otro polvo de fin de semana con otra separada.

O sea, que se divorcian y aparece la pasión y las ganas de vivir, que estaban ahí, simplemente las tenían acogotadas ¿no sería mejor tratar de revivirla antes de separarse? hacer esas cosas mucho tiempo antes de caer en la rutina ¡caramba! si es muy fácil “nene, que estamos cayendo en una rutina espantosa” y sentarse y hablar para ver como salir de ella, y si ambos tienen que apuntarse a un gimnasio para estar en forma pues se apuntan, y si hay que comprarse una moto para vivir una aventura se hace, o un viaje, o unas minivacaciones, o una escapada para pasarse el fin de semana de juerga y bacanal, o se buscan cosas en común que puedan experimentarse dentro del sexo. Pienso que cualquier cosa vale menos dejar morir la relación de forma tan estúpida ¿o no?

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